domingo, 1 de junio de 2008

SALVEMOS NUESTRO MAIZ, NO POR SU EXTINCIÓN, SINO POR SU MAL CONSUMICIÓN.


Cuando Europa sufría la hambruna más atroz de su historia, un tubérculo nativo de un pueblito lejano, ubicado en la sierra peruana cuyo nombre es difícil de pronunciar al primer intento, les salvo de muchas muertes juntas. El pueblito es Cochacochayoc, ubicado a 3500 msnm en el departamento imperial del Cuzco. Se dice que desde ahí, se irradió la papá en el mundo, ahí está sus orígenes, ahí está la cuna de ese tubérculo maravilloso que hoy por hoy, da de comer a millones y millones en el mundo y que en su tiempo pudo salvar de hambre al viejo continente.

Según los estudios científicos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, su aparición data de hace 8.000 años en aquel pueblo de los andes peruanos. Hoy, para llegar a ese pueblo todavía se tiene que utilizar el lomo de las bestias de carga, no cuenta con carreteras, solo tiene un pequeño camino de herradura, donde solamente cabe una persona, según el periodista español del diario EL MUNDO, Marcos Chumpitaz.

La historia se repite, porque el mismo país que aporto a la solución de la hambruna europea, está solucionando, de alguna forma, la escasez y el encarecimiento del petróleo en el mundo, porque uno de los cereales que está sirviendo para la elaboración de los biocarburantes, reemplazante del combustible fósil en los automóviles, es una de las cunas del maíz: el Perú.
Solo entran dos países en la disputa del origen del maíz: México y Perú.
Por lo tanto, si hablamos a nivel de Sudamérica; es Perú, el país donde se ha hallado el maíz más antiguo y uno de esos lugares es la zona arqueológica los Gavilanes (1982), ubicado en las costas huarmeyanas, también han sido hallados en Ayacucho (1969) y en la cueva de guitarreros, en el callejón de Huaylas (1980).

Si nuestros ancestros fomentaron el cultivo del maíz, en sus diversas variedades y supieron almacenarlos para la posteridad, e introdujeron como fuente alimentaría en las zonas aledañas del territorio, transportándolos en auquénidos desde las costas huarmeyanas hacia la sierra y selva peruana, qué debemos de hacer ahora, que sabemos que ese maíz, está siendo utilizado en los países ricos para la elaboración de los biocombustibles y así paliar el encarecimiento del precio del petróleo, que según fuentes informativas especializadas, el precio del crudo, tanto Brent Europeo y el West Texas estadounidense van camino de los 150 dólares e incluso de los 200 dólares el barril. Un fenómeno que tiene alarmado a las economías de los países ricos.

Siempre hemos sabido que el más fuerte se aprovecha del más débil, que el pez grande se come al pez pequeño, que una hormiga no puede ahorcar a un elefante, que un camello no puede entrar por el ojo de una aguja, en fin tantos ejemplos, que nos sirve para llegar a la idea de que no podemos hacer nada frente al uso que lo están dando los países ricos al maíz, el cual fue domesticado por nuestros ancestros para la alimentación del hombre y no para suministro de maquinarias.

¿Habrá que protestar?, ¿levantando nuestras voces será suficiente?, ¿Le debemos de dar lección de historia y decirles que somos los co-propietarios del origen de ese cereal?, ¿Gritaríamos al mundo que somos los dueños del maíz? ¿Les diríamos que ya es hora que se nos reconozca nuestra patente y por lo tanto nos deberían de pagar por ser nosotros los herederos de ese producto ancestral?, ¿Le haremos recordar que somos los mismos herederos de aquel tubérculo que salvo de hambre a Europa? ¿Indignados diremos que no queremos que la historia se repita, y no pasar como hoy viene pasando con aquel pueblito olvidado, Cochacochayoc, que siendo la cuna de la papa, nadie en el mundo, ningún país Europeo, que se benefició con aquel tubérculo y sació su hambre, a dado muestra de agradecimiento y a aportado para su desarrollo social y económico? ¿Debemos de exigir un impuesto al uso indebido del maíz, por afectar y transformar para su uso y abuso, en concordancia con sus tecnologías, que si hacen bien al hombre, hacen un daño irreparable a la naturaleza?.. Exijamos pues, a los países ricos un impuesto, tenemos un derecho histórico, no es de locos la idea, ni degenera la realidad, ni altera las relaciones de nuestra civilización, ni viola normas legales de los países en cuestión, ni mucho menos ofende a quienes se le exige el pago de los impuestos… ¿hay vacío legal?, lo hay, eso no es impedimento ni apaga la llama de ésta idea.

Porque la raíz del mal de ésta crisis alimentaría que está viviendo el mundo, es a consecuencia del uso indebido, antinatural de un producto que fue domesticado para servir de uso alimentario y no para movilizar maquinarias.
Salvemos nuestro maíz, no por su extinción, sino por su mal consumición.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Les hago de conocimiento que en la nota ocurre un gran error y resulta que el periodista Marcos Chumpitaz no es español sino es Peruano de el Diario el Comercio- Revista Somos.